La trampa de Autólicus (Nivel A2/ B1)
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El Juicio Final de Yatzil: Una Historia de Apuc y el Inframundo Maya
El Juicio Final de Yatzil: Una Historia de Apuc y el Inframundo Maya
En una noche donde las estrellas apenas lograban perforar el manto oscuro del cielo, Yatzil, una joven guerrera maya, cerró los ojos por última vez. Había caído defendiendo a su pueblo, pero su espíritu sabía que aquel no era el fin de su travesía. Con temor y determinación, abrió los ojos en un paisaje extraño: estaba en Shivala, el inframundo.
Ante ella se extendía un laberinto de oscuridad absoluta, con susurros que parecían venir de todas direcciones. Cada paso la llevaba más lejos de cualquier sensación de seguridad. Entonces, su figura emergió de las sombras: Apuc, el temido soberano de Mnal. Su presencia imponía. La piel cadavérica y la corona de cráneos eran testimonios de su poder, y su voz resonaba como un eco interminable en el vacío.
—Yatzil, guerrera de los vivos, tus acciones han dictado que pases por el juicio de Shivala. Aquí demostrarás si eres digna de trascender o si serás condenada a vagar en mis profundidades —declaró Apuc.
Sin más advertencias, la primera prueba comenzó. Yatzil fue arrojada a un río de sangre hirviente. Cada paso quemaba su espíritu, pero recordó las lecciones de su abuela: “La verdadera fuerza no está en el cuerpo, sino en el corazón.” Cerró los ojos y avanzó, soportando el dolor hasta cruzar a la otra orilla.
La segunda prueba fue un salón de espejos. En cada reflejo, Yatzil veía sus mayores fracasos y miedos: el día en que no pudo proteger a su hermano, la traición de un amigo, y el temor a no ser suficiente. Estas visiones intentaron quebrarla, pero Yatzil enfrentó cada imagen, aceptando sus errores y entendiendo que eran parte de lo que la hacía humana.
Finalmente, llegó a una sala llena de llamas. La voz de Apuc la retó una vez más: —Las llamas purifican, pero también destruyen. ¿Serás consumida o renacerás? Yatzil respiró profundo y avanzó, con la certeza de que debía enfrentarse al dolor para alcanzar algo más grande. Con cada paso, las llamas cedían, transformándose en luz.
Cuando salió de la última prueba, Apuc estaba esperándola, su semblante oscuro iluminado por algo parecido a la aprobación.
—Has demostrado que la valentía no reside en la fuerza física, sino en la aceptación de uno mismo. Te concedo la redención y el paso al más allá —dijo el dios, con una gravedad solemne.
En ese momento, Yatzil sintió cómo su espíritu se elevaba, dejando atrás las penurias de Shivala. Había completado su travesía, y el ciclo de la vida y la muerte continuaba.
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