La trampa de Autólicus (Nivel A2/ B1)
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Hermes, el ladrón de dioses: una travesura que cambió el Olimpo
Hermes, el ladrón de dioses: una travesura que cambió el Olimpo
En las sombras de una cueva oculta, bajo el amparo de su madre Maya y el sueño vigilante de Hypnos, nació uno de los dioses más astutos y carismáticos del Olimpo: Hermes. Pero incluso siendo solo un bebé, la quietud no era parte de su naturaleza. Una noche, mientras su guardián dormía profundamente, el pequeño dios aprovechó la oportunidad para escapar y explorar el mundo.
En su travesía por las tierras de Tesalia, Hermes avistó un rebaño espléndido bajo el cuidado del dios Apolo. Con un brillo travieso en los ojos, el joven decidió que estos bueyes serían suyos. Así comenzó una de las historias más legendarias de ingenio divino.
Hermes, sabiendo que necesitaba encubrir su fechoría, ideó ingeniosas estrategias para borrar su rastro. Ató ramas a las colas de los bueyes para que las hojas barrieran las huellas y, en un toque maestro, hizo que los animales caminaran hacia atrás, creando la ilusión de que se dirigían en la dirección opuesta. Pero en su camino, un hombre lo descubrió y preguntó por el rebaño. Hermes, rápido de mente, ofreció un soborno: "Te daré una cabeza de ganado si guardas silencio". Desconfiado, disfrazado de hombre adulto, el dios volvió para asegurarse de la lealtad de aquel mortal.
La aventura no terminó allí. Al llegar al Peloponeso, Hermes sacrificó parte del rebaño en honor a los dioses y, con la carcasa de una tortuga, tendones y cuernos, creó un instrumento que cambiaría la música para siempre: la lira. Su hazaña divina culminó al regresar a casa, donde fingió dormir en su lecho como si nada hubiera ocurrido.
Pero Apolo, al descubrir el robo, usó sus poderes para rastrear al astuto Hermes. Aunque furioso, su ira se desvaneció al escuchar la dulce melodía de la lira, quedando encantado. "Regálame este instrumento, y olvidaré este asunto", propuso Apolo. Hermes aceptó, sellando un vínculo de hermandad con el dios del sol. A cambio, recibió el caduceo, símbolo de poder, y las sandalias aladas que lo convertirían en el mensajero divino.
La historia de Hermes y su osadía se difundió por todo el mundo. Fue venerado como el dios de los ladrones, pero también como el inventor, el mensajero y el símbolo del ingenio. Una divinidad que, con astucia y gracia, dejó una huella imborrable en el Olimpo y en los corazones de los mortales.
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