La trampa de Autólicus (Nivel A2/ B1)
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La Ardilla Sami y la Magia de las Semillas: Una Fábula para Niños con Grandes Lecciones
La Ardilla Sami y la Magia de las Semillas: Una Fábula para Niños con Grandes Lecciones
Había una vez una ardilla llamada Sami, a quien le encantaba explorar el bosque. Sami siempre estaba buscando nueces, bayas o cualquier cosa interesante. Un día, mientras investigaba cerca de un viejo roble, encontró algo muy extraño: ¡eran unas semillas que brillaban como pequeños cristales!
"¡Qué bonitas son estas semillas!" —dijo Sami, mientras las recogía y llevaba emocionada a su escondite. Decidió guardarlas junto con sus nueces y bayas, sin saber que eran semillas mágicas.
Al día siguiente, algo increíble ocurrió: cada vez que Sami tocaba una nuez, esta se transformaba en un cristal brillante y precioso. Al principio, Sami estaba emocionada.
"¡Soy la ardilla más rica del bosque!" —pensó.
Pero pronto, la emoción se convirtió en preocupación. Las nueces ya no eran comestibles, y tenía hambre. Además, cuando algunos de sus amigos fueron a visitarla y tocaron las semillas mágicas por accidente, se convirtieron en estatuas de cristal.
Sami estaba asustada y no sabía qué hacer. Extrañaba a sus amigos, y aunque tenía muchas "nueces de cristal", no podía comerlas ni disfrutar de su compañía. Con tristeza, decidió buscar ayuda.
Una noche, bajo la luz de la luna, Sami encontró a una sabia tortuga llamada Tula, que vivía cerca del río. Tula era conocida por ser muy sabia y siempre ayudaba a los animales del bosque.
—¿Qué te trae aquí, pequeña ardilla? —preguntó Tula con calma.
Sami le contó todo sobre las semillas mágicas, las nueces de cristal y cómo sus amigos habían quedado atrapados.
Tula, después de escuchar con atención, le dijo: —Tengo la solución. Para romper la magia, debes buscar un fruto especial llamado "baya de la vida". Está escondido en lo profundo del bosque, pero debes apurarte.
Sami corrió a buscar la baya de la vida. Después de mucho buscar, finalmente la encontró brillando en un arbusto. Llevó la baya de vuelta a Tula, quien preparó una pócima mágica.
—Espolvorea esta pócima sobre tus amigos y las semillas mágicas —le explicó Tula—. Pero recuerda, la verdadera riqueza no está en las cosas brillantes, sino en el amor, la amistad y la comida que nos nutre.
Sami corrió de regreso y usó la pócima mágica. Poco a poco, sus amigos volvieron a la vida, y las nueces de cristal se transformaron en nueces normales otra vez.
Aquella noche, Sami y sus amigos celebraron con una gran fiesta. Aprendió que no hay tesoro más valioso que compartir momentos felices y cuidar de quienes queremos. Desde entonces, Sami dejó de buscar riquezas mágicas y vivió agradecida por las cosas simples de la vida: el aire fresco, las nueces deliciosas y, sobre todo, la compañía de sus amigos.
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