La trampa de Autólicus (Nivel A2/ B1)
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Sísifo: La Astucia que Desafió a los Dioses
Sísifo: La Astucia que Desafió a los Dioses
En un tiempo donde la sabiduría era un privilegio escaso, Sísifo se erigía como el hombre más inteligente de su era. Pero con gran inteligencia vino también su infortunio, pues la prudencia no era su mayor virtud. Como su ancestro, el audaz Prometeo, Sísifo se atrevió a adentrarse en territorios reservados únicamente para los dioses.
La leyenda comienza un día en que Sísifo presenció un acto divino. Zeus, en forma de un majestuoso águila, raptaba a la joven y hermosa Égina, hija del dios-río Asopo. Percibiendo una oportunidad, Sísifo tramó un plan que habría de beneficiar a su reino, Corinto, hambriento de agua dulce.
"Conozco el paradero de tu hija," le confesó Sísifo al desolado Asopo. "Pero la información tiene un precio: debes crear un manantial de agua fresca para mi reino." Desesperado, Asopo aceptó. Zeus, al enterarse de esta traición, estalló en furia y ordenó a Tánatos, la mismísima muerte, que pusiera fin a la vida del astuto rey.
Pero Sísifo, fiel a su naturaleza ingeniosa, no iba a ceder tan fácilmente. Cuando Tánatos apareció en su palacio, Sísifo, con palabras halagadoras, le ofreció regalos: "Oh, majestuosa muerte, nunca conocí divinidad tan imponente. Por favor, permíteme obsequiarte adornos dignos de tu grandeza." Engañado por los elogios, Tánatos aceptó los "adornos", que resultaron ser grilletes. Sísifo había encarcelado a la muerte misma.
El mundo pronto cayó en caos. Sin muertes, los dominios de Hades quedaron vacíos, y Ares, dios de la guerra, perdió su deleite en el campo de batalla. Enfurecido, Ares liberó a Tánatos, quien de inmediato fue tras Sísifo. Pero el rey había previsto esto. Antes de su captura, ordenó a su esposa que no realizara sus ritos funerarios, sabiendo que podría usar esto a su favor.
Al ser llevado al inframundo, Sísifo apeló a la compasión de Hades: "Oh, gran señor de los muertos, mi ingrata esposa ha deshonrado mi memoria. Déjame regresar al mundo de los vivos por un día para enmendar este ultraje." Hades, aunque dudoso, accedió, y Sísifo volvió a Corinto, solo para burlar a la muerte una vez más y vivir una larga vida.
Sin embargo, ningún engaño es eterno. Al final, Sísifo fue capturado y llevado al Tártaro. Allí recibió su castigo: empujar una roca gigantesca cuesta arriba, solo para verla rodar de regreso al punto de inicio, una y otra vez, por toda la eternidad. Así quedó Sísifo, condenado por su ingenio desmedido, un símbolo eterno de los límites del ingenio humano frente al poder de los dioses.
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